martes, 2 de julio de 2013

LOS TIEMPOS DEL VERBO


No tengo más que el pan bajo los ojos
y el dolor de tu lengua en la memoria.

No tengo más que el peso de la duda 
en este árbol inventado
por los que nos negaron ver el bosque.

No tengo ni siquiera la palabra
cuando callas.

La calle huele a hierba desteñida,
a versos que se ocultan tras el miedo.

Y siento que me llamas desde el fondo,
que intentas negociar nuestro destino.
Y me debato ante el dilema
de pararme de nuevo en este mundo,
o volver a pararme en ti.

Y siento
que nada se parece a lo que es
que nada llega a ser como debiera
que nada
    eres
  tú.

Y entonces,
te elevo hasta mi altura
para acabar de una vez
el tiempo de este verbo sin futuro.

11 comentarios:

carmen jiménez dijo...

Guauuu! Lo he leído de tirón y lo he vuelto a leer sin poder detenerme ante la furia y el ímpetu de este poema. ¿Acaso se puede negociar el destino? Y ese olor a hierba desteñida, con lo bien que huele la hierba...Y sin embargo hay algo en el final que huele a hierba recién cortada. Mis aplausos Rosa. Sin duda,leer un blog, siempre me resultó más íntimo que el fb.
Un beso.

Ana Galán dijo...

bueno, que fuerza tiene. Muy bueno Rosa. Juego de imágenes espectacular. Enhorabuena!

Lola Álvarez Feito dijo...

No puedo adivinar más que futuro, futuro perfecto en tus versos. :)

Marina Tapia Pérez dijo...

Rosa, lo acabamos de leer Leire y yo camino.a la playa y nos ha encantado. Besos

Mcarmen Fabre dijo...

Transmites una fuerza en las palabras con aparente sencillez y qué difícil es, querida amiga.

Un beso.

Diego Garcia Serrano dijo...

Me encanta!
El desamor es una de mis asignaturas pendientes.
Pero debe de ser slgo así.

Emilio Porta dijo...

Menos sintético que otros... pero tan valioso como todo lo que escribes, Rosa. Yo me quedo con esta espléndida estrofa, que es la esencia del poema y de tantas historias humanas...
"Y siento que me llamas desde el fondo,
que intentas negociar nuestro destino.
Y me debato ante el dilema
de pararme de nuevo en este mundo,
o volver a pararme en ti"
A veces ese fondo está lleno de afectos y ataduras, es una búsqueda de una plataforma común de salvación pero, finalmente, puede ser una sima de condena. Y, como tú sabes mejor que nadie, exploradora de fondos marinos, el oxígeno, a veces, se acaba y no se puede volver ya nunca a la superficie. Hay que saber hasta que punto una inmersión puede ser un avance... o arrastrarnos lejos de nosotros mismos. Un beso, Rosa.

Manuel dijo...

Cielo, confiésame una cosa que me corroe por dentro, que no me deja dormir...

El asesino ¿es el mayordomo?

Mari Carmen Azkona dijo...

Qué difícil es conjugar verbos y sentimientos. Diferentes personas, número, tiempos, modos... a mí siempre me sale irregular y no más allá de un presente que siempre espero que sea continuo. Pero a veces los deseos no enlazan con la realidad… Pero estoy segura de que ese no es tu caso. La belleza de esta reflexión, con impactantes imágenes, me indica que tú siempre tendrás futuro.

Besos y abrazos.

JESUS ANGEL RODRIGUEZ dijo...

Precioso con ganas. A falta de la síntesis, que es lo a ti te define, la precisión en la palabra, que es lo que siempre siempre te retrata. La precisión al servicio de la hondura, sea largo o corto el poema. La precisión en el verbo como instrumento de la verdad, que es lo te hace sincera, lo que hace que tu emoción conmocione, sea largo o corto el poema. A mayor síntesis, mayor impacto, sí, pero a mayor longitud, mayor expectación por conocer tus tan celebrados finales, siempre un regate en corto que nos deja sentados después de mucho habernos engatusado, después de mucho haberse lucido la palabra como sede de la razón poética, como mediadora entre vida y pensamiento, reveladora de realidades aparentemente innombrables. Verso a verso, tu palabra va creando –su fuerza es fuerza creadora- sin perder la compostura; muy al contrario, con elegancia no aprendida. Del gusto con que escribes “convenir nuestro destino” (el “quisimos el tu y yo para nosotros” de Neruda), “que nada se parece a lo que es” (y no a la inversa), “no tengo ni siquiera la palabra cuando callas” (esa desposesión suma que nos llega al alma), “te elevo hasta mi altura” (una de tus tantas alturas poéticas, de tus muchos ocho mil, paradójicamente los de una submarinista)…, del gusto con que escribes –decía- da noticia cierta el regusto que nos deja lo leído. Qué bien tratas la palabra, amiga. Admirable.

Alberto G.G. dijo...

Haré una disección estrófica de "Los tiempos del verbo"; de las composiciones de la página, es la que contiene más calidad.
La primera y segunda estrofa tienen gran fuerza poética.
En la tercera, ese "cuando callas": es un giro poético ya usado.
La cuarta está bien.
La quinta es la más romántica.
La penúltima o sexta estrofa, rompe la calidad de la poesía: o sea, sobra.
Y la última estrofa, acaba con un verso-colofón muy logrado.
Felicidades.