miércoles, 27 de enero de 2010

Y LA TERCERA SUGERENCIA...

Que no por ser la última es menos interesante; muy al contrario porque además viene de la mano de dos de mis hombres mas admirados -ya sé que tengo varios, pero a unos les admiro mas que a otros-.

Se trata de la lectura de nuestro querido Emilio Porta en la Tertulia Montesinos y presentado por mi maestro Enrique Gracia... ¡todo un lujo!

Es el próximo día 2 de febrero a las 19:30.
Os dejo la invitación para que tengáis todos los detalles, por si os apetece acercaros. Seguro que no os arrepentiréis.

(podéis pinchar sobre ella para visualizarla mejor)

domingo, 24 de enero de 2010

UNA SUGERENCIA O DOS....

Por si os apetece variar, os dejo el blog de un amigo adorable y a pesar de ello buen escritor y compañero del taller de Enrique, además de psicólogo; una mezcla explosiva que estoy segura disfrutaréis...
http://psicopoetica-luismi.blogspot.com/

Si os es mas cómodo, podéis acceder desde mi lista de "otros sitios" de la derecha.


La segunda sugerencia, para el que aún no lo haya escuchado, es que entréis en el siguiente enlace:
http://unmomentoporfavor.podcast.es/podcast.php?editor=unmomentoporfavor

se trata del primer programa de Enrique Gracia y Soledad Serrano (o Andrea Navas, lo que queráis), que no tiene desperdicio y os aseguro que vais a pasar un rato encantador, porque han empezado con Enrique Jardiel Poncela.

domingo, 10 de enero de 2010

HOY NO QUIERO ESCRIBIR UN POEMA



Hoy no quiero escribir un poema,
porque está lloviendo en el alma.

No existe métrica para el dolor
ni ritmo que se ajuste a la tristeza.

Hoy solo quiero decir que soy yo;
que la memoria no me deja respirar
y se me atragantan los versos.

Hoy la angustia se me encoge en la palabra
y no importa si suena bien
ni voy a disfrazarla de metáfora.

Hoy...
solo quiero dejar mi baile
para esta lluvia que no cesa.

lunes, 28 de diciembre de 2009

VA POR TI

A veces las palabras cuestan más que una sonrisa. Hoy leo la crónica de Manuel y siento el egoísmo de mi autocompasión tan injusto, que decido respirar hondo (como siempre hicieron los valientes o aquellos que -tanto da- tras el dolor, descubren que no hay punto de apoyo mayor que su propia fuerza), levantar la cabeza y ponerme a escribir, porque os lo debo y creo que me lo debo a mí misma.

En tan solo una semana he volado desde un sueño, para aterrizar en esa parte de la realidad, en la que no nos preparan nunca para caer. En la que no sirve chaleco salvavidas ni oxígeno para volver a respirar.


Algo así como el Drama y la Comedia, en una obra donde no me siento espectadora.

Pero hoy, leyendo a Manuel, siento una vez mas, su generosidad; su saber mirar, por encima de cualquier placer vano y disfrutar, cada segundo, de todo lo que merece la pena en esta vida... y recuerdo cuántas cosas quedan aún por hacer... y es entonces cuando decido recoger mis lágrimas y mi hatillo de recuerdos para volver a ponerme en pie y entender con ternura, que este viaje que termina, como el del Mar Rojo, mereció la pena vivirlo y debe formar parte de mis dulces recuerdos.
Gracias por compartir cada momento. ¡VA POR TI!


domingo, 29 de noviembre de 2009

LA LLAMADA DE JAVIER Y MAR

Ya sabéis que no es lo mío "el cuento", pero no he podido resistirme a la llamada de Javier Ribas y con todo mi cariño, ahí va mi aportación para su dulce amiga. Ustedes perdonen mi osadía...



MAR Y TOBIAS

Mar había cumplido al fin su promesa. Con la correa, aún colgando de su mano, recordó aquella tarde con Tobías.

Como tantas otras veces, al volver de su nuevo colegio, Mar había corrido al encuentro de su amigo. Esperaba, igual que siempre, que diera un salto de alegría y se pusiera en pié alargando sus patas hacia a ella, como quien busca el abrazo.


Aquel día, Tobías no saltó, ni movió la cola, ni hizo nada de lo esperado. Mar se colocó junto a él, en el suelo y el perro posó la cabeza en las piernas de la niña, con los ojos muy abiertos, mirando fijamente hacia su amiga, y comenzó a hablar, con ese lenguaje de perro que solo entienden los seres puros.

Decía que ya no podía más, que se ahogaba en aquellos dos metros cuadrados de cocina, al que la madre de Mar le había relegado: “¡no podía soportar mas que se comiera los cojines del salón y la colcha de su cama!...”

Tobías le mostraba a la niña, la soledad de sus patas extendidas en el suelo. La misma que sentía cada mañana, cuando Mar le decía aquello de: “Después del cole vuelvo ¿vale?”.
Y él la esperaba todo el día, sin moverse…en la misma posición; fuera a ser que al volver no le encontrara.

Mar cerró los ojos. Supo que había llegado la hora de devolverle a su amigo tantas risas de aquellas noches en las que tocaba combatir el miedo y tantas otras en las que imaginaba ser una princesa y Tobías su mas fiel lacayo…

Antes de mudarse a la ciudad, Mar paseaba cada día con su perro por la finca que había junto a su casa. “allí no había peligro de que le pasara nada…”
–decía mamá—.

Desde el primer día, Tobías, al llegar cerca del viejo caserón que presidía la finca, se separaba de su ama y corría hacía una de las puertas traseras.

Mar intentaba darle alcance y le llamaba una y otra vez para que regresara a su lado, pero Tobías parecía no escuchar nada mas que el viento de su respiración agitada.

Apenas habían pasado algunos minutos —muy pocos según él y demasiados tal vez para la niña—, Tobías regresaba corriendo hacia ella, mirándola con una luz especial. Si hubiera sabido sonreír, Mar habría asegurado que lo hacía.

La niña se acostumbró a este paseo en solitario de su amigo y aprendió a disfrutar del mágico encuentro. Aunque jamás se atrevió a entrar en la casa.

Así pasó un tiempo, que resultó corto para Tobías y adecuado para la pequeña. El padre de Mar anunció que se trasladaban a la ciudad: le habían propuesto dirigir el nuevo hospital y no podía negarse…

Los primeros días fueron para Tobías, como aquellos otros en los que, junto a Mar y su familia, se marchaba de vacaciones. Pero pasaron los meses
–muchos mas de lo esperado— y no regresaban a su antigua casa; aquella rodeada de campo, donde Tobías pasaba sus horas jugando en el jardín, hasta la llegada de Mar y con ella el ansiado paseo…..

La niña abrió de nuevo los ojos… Sabía que ese era el lugar donde debía vivir su amigo.

Lo supo un día, en el que mamá explicaba a su nueva vecina, cómo había llegado Tobías a casa. Ambos habían nacido el mismo día: Mar en la casa del pueblo rodeada de campo y Tobías en la casa de al lado, junto a cuatro cachorros más, de una hermosa perra que siempre había vivido con aquellos vecinos.

Estos, al enterarse del nacimiento de Mar, decidieron regalarle uno de los cachorros, en agradecimiento al padre de la niña —médico del pueblo— que, ante el miedo de la mujer a que su perra muriera, le había ayudado en el alumbramiento.

La niña comprendió entonces la tristeza de Tobías. Él nunca le habría pedido que se separara de su familia; quería demasiado a su amiga y siempre supo cuál era su lugar… Tan solo le había robado unos pocos minutos de cada tarde, en su esperado paseo por aquella finca, junto a su casa; aquella rodeada de campo, donde su amigo la esperaba fielmente cada día.

miércoles, 18 de noviembre de 2009



Imagina una noche sin espanto…
sin la mirada de Dios
..........................buscándote la espalda



martes, 27 de octubre de 2009

CUESTION DE ESPACIO



Como amar en cuarto menguante

Como semáforo

al que no dejan ser azul

Como ojos ajenos a un sueño

Como palabras

con zapatos viejos

Como rama sin equipaje

Como molino sin cuento.


.................................Así…