No tengo más que el pan bajo los ojos
y el dolor de tu lengua en la memoria.
No tengo más que el peso de la duda
en este árbol inventado
por los que nos negaron ver el bosque.
No tengo ni siquiera la palabra
cuando callas.
La calle huele a hierba desteñida,
a versos que se ocultan tras el miedo.
Y siento que me llamas desde el fondo,
que intentas negociar nuestro destino.
Y siento que me llamas desde el fondo,
que intentas negociar nuestro destino.
Y me debato ante el dilema
de pararme de nuevo en este mundo,
o volver a pararme en ti.
o volver a pararme en ti.
Y siento
que nada se parece a lo que es
que nada llega a ser como debiera
que nada
eres
tú.
Y entonces,
te elevo hasta mi altura
te elevo hasta mi altura
para acabar de una vez
el tiempo de este verbo sin futuro.











