Se mueren los poetascon la sonrisa azul
y una glicinia en el ojal,
como sugieren los espejos.
Se van embistiendo a la luna,
en un ocaso sin rocío;
con el fulgor nostálgico
de aquel beso que no fue.
Se van desnudos,
agitando sus alas,
lamiendo con furia el amor
y las entrañas rotas.
Se llevan
el ruido cristalino del fuego entra las sombras
y un destello de luz
que deje a oscuras su alma.
Se mueren los poetas que no quisieron
saber cómo se amaba
...... y calla el ruiseñor.