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martes, 21 de abril de 2009

Se mueren los poetas
con la sonrisa azul
y una glicinia en el ojal,
como sugieren los espejos.

Se van embistiendo a la luna,
en un ocaso sin rocío;
con el fulgor nostálgico
de aquel beso que no fue.

Se van desnudos,
agitando sus alas,
lamiendo con furia el amor
y las entrañas rotas.

Se llevan
el ruido cristalino del fuego entra las sombras
y un destello de luz
que deje a oscuras su alma.

Se mueren los poetas que no quisieron
saber cómo se amaba

...... y calla el ruiseñor.

UN PEQUEÑO HOMENAJE A QUIEN TANTO ADMIRO

Comparto con vosotros una pequeña travesura poética, en homenaje a aquellos poetas que hicieron de la poesía su lucha y su vida.
Hay un lenguaje poético, que a veces se desecha por aquello de pertenecer a otra época, donde se utilizaron tan bien, que "si no es para mejorarlas, mejor no tocarlas".

Palabras como "alma", "entrañas", "glicinias" (ésta se la dedico a mi querido Emilio Porta), si no se utilizan con esmero y buena pluma, quedan algo desvaídas, ostentosas, remilgadas y hasta a veces pretenciosas (¡ahí queda éso!)en un poema de ahora -dicen los que más saben-.

Se la he dedicado a mi querido maestro (Enrique Gracia), por tantos buenos momentos poéticos que me ha hecho -y aún me hace- pasar.