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domingo, 29 de noviembre de 2009

LA LLAMADA DE JAVIER Y MAR

Ya sabéis que no es lo mío "el cuento", pero no he podido resistirme a la llamada de Javier Ribas y con todo mi cariño, ahí va mi aportación para su dulce amiga. Ustedes perdonen mi osadía...



MAR Y TOBIAS

Mar había cumplido al fin su promesa. Con la correa, aún colgando de su mano, recordó aquella tarde con Tobías.

Como tantas otras veces, al volver de su nuevo colegio, Mar había corrido al encuentro de su amigo. Esperaba, igual que siempre, que diera un salto de alegría y se pusiera en pié alargando sus patas hacia a ella, como quien busca el abrazo.


Aquel día, Tobías no saltó, ni movió la cola, ni hizo nada de lo esperado. Mar se colocó junto a él, en el suelo y el perro posó la cabeza en las piernas de la niña, con los ojos muy abiertos, mirando fijamente hacia su amiga, y comenzó a hablar, con ese lenguaje de perro que solo entienden los seres puros.

Decía que ya no podía más, que se ahogaba en aquellos dos metros cuadrados de cocina, al que la madre de Mar le había relegado: “¡no podía soportar mas que se comiera los cojines del salón y la colcha de su cama!...”

Tobías le mostraba a la niña, la soledad de sus patas extendidas en el suelo. La misma que sentía cada mañana, cuando Mar le decía aquello de: “Después del cole vuelvo ¿vale?”.
Y él la esperaba todo el día, sin moverse…en la misma posición; fuera a ser que al volver no le encontrara.

Mar cerró los ojos. Supo que había llegado la hora de devolverle a su amigo tantas risas de aquellas noches en las que tocaba combatir el miedo y tantas otras en las que imaginaba ser una princesa y Tobías su mas fiel lacayo…

Antes de mudarse a la ciudad, Mar paseaba cada día con su perro por la finca que había junto a su casa. “allí no había peligro de que le pasara nada…”
–decía mamá—.

Desde el primer día, Tobías, al llegar cerca del viejo caserón que presidía la finca, se separaba de su ama y corría hacía una de las puertas traseras.

Mar intentaba darle alcance y le llamaba una y otra vez para que regresara a su lado, pero Tobías parecía no escuchar nada mas que el viento de su respiración agitada.

Apenas habían pasado algunos minutos —muy pocos según él y demasiados tal vez para la niña—, Tobías regresaba corriendo hacia ella, mirándola con una luz especial. Si hubiera sabido sonreír, Mar habría asegurado que lo hacía.

La niña se acostumbró a este paseo en solitario de su amigo y aprendió a disfrutar del mágico encuentro. Aunque jamás se atrevió a entrar en la casa.

Así pasó un tiempo, que resultó corto para Tobías y adecuado para la pequeña. El padre de Mar anunció que se trasladaban a la ciudad: le habían propuesto dirigir el nuevo hospital y no podía negarse…

Los primeros días fueron para Tobías, como aquellos otros en los que, junto a Mar y su familia, se marchaba de vacaciones. Pero pasaron los meses
–muchos mas de lo esperado— y no regresaban a su antigua casa; aquella rodeada de campo, donde Tobías pasaba sus horas jugando en el jardín, hasta la llegada de Mar y con ella el ansiado paseo…..

La niña abrió de nuevo los ojos… Sabía que ese era el lugar donde debía vivir su amigo.

Lo supo un día, en el que mamá explicaba a su nueva vecina, cómo había llegado Tobías a casa. Ambos habían nacido el mismo día: Mar en la casa del pueblo rodeada de campo y Tobías en la casa de al lado, junto a cuatro cachorros más, de una hermosa perra que siempre había vivido con aquellos vecinos.

Estos, al enterarse del nacimiento de Mar, decidieron regalarle uno de los cachorros, en agradecimiento al padre de la niña —médico del pueblo— que, ante el miedo de la mujer a que su perra muriera, le había ayudado en el alumbramiento.

La niña comprendió entonces la tristeza de Tobías. Él nunca le habría pedido que se separara de su familia; quería demasiado a su amiga y siempre supo cuál era su lugar… Tan solo le había robado unos pocos minutos de cada tarde, en su esperado paseo por aquella finca, junto a su casa; aquella rodeada de campo, donde su amigo la esperaba fielmente cada día.

jueves, 7 de mayo de 2009

A UN SUEÑO… EL DE JAVIER RIBAS


Hace apenas unos meses, leía en el blog de Javier Ribas, un proyecto, tan generoso como él, pero tan complicado, que me costaba creer que fuera realizable.
He asistido a su esfuerzo y su ilusión, a lo largo de estos casi cinco meses. Me admiraba ver como iba consiguiendo un relato, cada vez que alguien levantaba la mano –virtualmente, claro está-. Desde cualquier rinconcito de tu blog, aparecía Javier diciendo –por escrito, por supuesto- aquello de: “te pillé. Ahora no tienes mas remedio que enviarme tu relato”. Para entendernos… eso de “aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid”. Y lo consiguió; ¡vaya si lo consiguió!. Consiguió incluso que, sin ningún pudor, le enviara un relato mío; perdón, no “un relato”, sino “mi relato” o algo similar, porque no he escrito ninguno más en mi vida.
Vamos, que aunque ha sido arropado con el cariño de siempre por Santiago Solano, y animado por alguno más (gracias querido Javier por hacerme uno de tus mosqueteros: es un todo un privilegio), puedo asegurar que ATMOSFERAS no habría salido nunca adelante, si no fuera por la ilusión y el amor que ha puesto Javier en este proyecto.
Dice en uno de sus renglones -muy rectos- de la introducción al libro, que ha firmado con la humildad e inocencia de un niño que escribe su primer cuento:
“No hay nada más bonito en este mundo que tener un sueño y hacerlo realidad: si este libro está en tus manos, es que el mío se ha cumplido”
Y yo añado: bienvenido a este sueño tan hermoso.

Gracias Javier.

Os dejo a continuación la introducción y los datos del libro, por si os apetece compartir el sueño de Javier Ribas.
(para el que quiera comprarlo, os recuerdo nuestra web: http://www.erabradomin.org)

jueves, 16 de abril de 2009

TE LO DEBIA


Querido Santiago, como ves al fín me has convencido (si es que la perseverancia es una gran virtud). Sé que te lo debía y voy a intentar poner en marcha este blog y hasta actualizarlo ¿quien sabe?.

Gracias por tu paciencia y sobre todo por estar siempre cerca con esa generosidad que -te confieso- a veces me avergüenza, cuando ejerzo de conejito en "Alicia en el País de las Maravillas" y me levantó diciendo aquello de ".... se me hace tarde hoy" y compruebo como eres capaz de trabajar, escribir, comer -ésto solo a ratos, me consta-, leernos, escribirnos, recordarnos y hasta a veces aguantarnos. Gracias querido amigo, ¡va por ti!


Siendo totalmente justa, ha habido otras dos personas, que te han apoyado, sin tú saberlo:

Sacra, gracias por haberme visitado en un blog dormido. Fuiste la primera y hasta el momento la única

Manuel, gracias por tu ejemplo y sobre todo por tu amor.