Es el
rito de la voz
que se
entrega
a un
silencio indispensable.
Es
mi ser -de nuevo él-
quien
te busca y no encuentra la forma
de que escuches
mis palabras,
medio-tuyas,
medio-ocultas, medi-tadas;
de
seguirme en esas horas tan vacías
donde el
sol, creciendo a mis espaldas,
aguarda
el momento de
esconderse
en el lado más oscuro de mi rostro.
en el lado más oscuro de mi rostro.
Debería
haber alcanzado tu límite,
respondiendo
así al aliento que me cortas,
cuando
encuentro el espejismo de tus labios
al
llegar a tu boca indefinida.
Debería
no entender
la
condena que te impones
al
juzgar la impunidad oscura
de este
mundo.
O tal vez quedarme a solas
y poder
ser codiciada
por
aquellos que me nombran sin saberlo.





