
domingo, 10 de enero de 2010
HOY NO QUIERO ESCRIBIR UN POEMA

lunes, 28 de diciembre de 2009
VA POR TI
En tan solo una semana he volado desde un sueño, para aterrizar en esa parte de la realidad, en la que no nos preparan nunca para caer. En la que no sirve chaleco salvavidas ni oxígeno para volver a respirar.
Algo así como el Drama y la Comedia, en una obra donde no me siento espectadora.
Pero hoy, leyendo a Manuel, siento una vez mas, su generosidad; su saber mirar, por encima de cualquier placer vano y disfrutar, cada segundo, de todo lo que merece la pena en esta vida... y recuerdo cuántas cosas quedan aún por hacer... y es entonces cuando decido recoger mis lágrimas y mi hatillo de recuerdos para volver a ponerme en pie y entender con ternura, que este viaje que termina, como el del Mar Rojo, mereció la pena vivirlo y debe formar parte de mis dulces recuerdos.
Gracias por compartir cada momento. ¡VA POR TI!
domingo, 29 de noviembre de 2009
LA LLAMADA DE JAVIER Y MAR

MAR Y TOBIAS
Mar había cumplido al fin su promesa. Con la correa, aún colgando de su mano, recordó aquella tarde con Tobías.
Como tantas otras veces, al volver de su nuevo colegio, Mar había corrido al encuentro de su amigo. Esperaba, igual que siempre, que diera un salto de alegría y se pusiera en pié alargando sus patas hacia a ella, como quien busca el abrazo.
Aquel día, Tobías no saltó, ni movió la cola, ni hizo nada de lo esperado. Mar se colocó junto a él, en el suelo y el perro posó la cabeza en las piernas de la niña, con los ojos muy abiertos, mirando fijamente hacia su amiga, y comenzó a hablar, con ese lenguaje de perro que solo entienden los seres puros.
Decía que ya no podía más, que se ahogaba en aquellos dos metros cuadrados de cocina, al que la madre de Mar le había relegado: “¡no podía soportar mas que se comiera los cojines del salón y la colcha de su cama!...”
Tobías le mostraba a la niña, la soledad de sus patas extendidas en el suelo. La misma que sentía cada mañana, cuando Mar le decía aquello de: “Después del cole vuelvo ¿vale?”.
Y él la esperaba todo el día, sin moverse…en la misma posición; fuera a ser que al volver no le encontrara.
Mar cerró los ojos. Supo que había llegado la hora de devolverle a su amigo tantas risas de aquellas noches en las que tocaba combatir el miedo y tantas otras en las que imaginaba ser una princesa y Tobías su mas fiel lacayo…
Antes de mudarse a la ciudad, Mar paseaba cada día con su perro por la finca que había junto a su casa. “allí no había peligro de que le pasara nada…”
–decía mamá—.
Desde el primer día, Tobías, al llegar cerca del viejo caserón que presidía la finca, se separaba de su ama y corría hacía una de las puertas traseras.
Mar intentaba darle alcance y le llamaba una y otra vez para que regresara a su lado, pero Tobías parecía no escuchar nada mas que el viento de su respiración agitada.
Apenas habían pasado algunos minutos —muy pocos según él y demasiados tal vez para la niña—, Tobías regresaba corriendo hacia ella, mirándola con una luz especial. Si hubiera sabido sonreír, Mar habría asegurado que lo hacía.
La niña se acostumbró a este paseo en solitario de su amigo y aprendió a disfrutar del mágico encuentro. Aunque jamás se atrevió a entrar en la casa.
Así pasó un tiempo, que resultó corto para Tobías y adecuado para la pequeña. El padre de Mar anunció que se trasladaban a la ciudad: le habían propuesto dirigir el nuevo hospital y no podía negarse…
Los primeros días fueron para Tobías, como aquellos otros en los que, junto a Mar y su familia, se marchaba de vacaciones. Pero pasaron los meses
–muchos mas de lo esperado— y no regresaban a su antigua casa; aquella rodeada de campo, donde Tobías pasaba sus horas jugando en el jardín, hasta la llegada de Mar y con ella el ansiado paseo…..
La niña abrió de nuevo los ojos… Sabía que ese era el lugar donde debía vivir su amigo.
Lo supo un día, en el que mamá explicaba a su nueva vecina, cómo había llegado Tobías a casa. Ambos habían nacido el mismo día: Mar en la casa del pueblo rodeada de campo y Tobías en la casa de al lado, junto a cuatro cachorros más, de una hermosa perra que siempre había vivido con aquellos vecinos.
Estos, al enterarse del nacimiento de Mar, decidieron regalarle uno de los cachorros, en agradecimiento al padre de la niña —médico del pueblo— que, ante el miedo de la mujer a que su perra muriera, le había ayudado en el alumbramiento.
La niña comprendió entonces la tristeza de Tobías. Él nunca le habría pedido que se separara de su familia; quería demasiado a su amiga y siempre supo cuál era su lugar… Tan solo le había robado unos pocos minutos de cada tarde, en su esperado paseo por aquella finca, junto a su casa; aquella rodeada de campo, donde su amigo la esperaba fielmente cada día.
martes, 27 de octubre de 2009
CUESTION DE ESPACIO
miércoles, 14 de octubre de 2009

No siempre sabemos elegir el mejor paso de todos los perdidos
Hay nostalgia hasta en la carne…
................................................y no queda ningún hueso.
martes, 1 de septiembre de 2009
EN ESTADO PURO
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